Pasos Del Camino Neocatecumenal -
En la Vigilia Pascual, junto a otros veinte adultos que también habían recorrido el camino, Juan y Clara renunciaron al mal y renovaron su bautismo. No era una fórmula repetida. Era un “sí” dicho desde las entrañas. La comunidad entera los abrazó. Andrés, con lágrimas, les entregó una pequeña cruz de madera: “Recordad que no camináis solos”.
Una noche de invierno, en una sala con velas, escucharon por primera vez el kerigma : “Cristo murió por tus pecados y resucitó. Tu vida no es un error. Él te ama tal como eres”. Juan rompió a llorar. No era un llanto triste. Era como si una losa se hubiera resquebrajado. Allí comprendió el segundo paso: celebrar la Pascua en pequeño, reconociendo la propia muerte interior para dejar espacio a la resurrección. pasos del camino neocatecumenal
Así comenzaron los , aunque Juan aún no lo sabía. En la Vigilia Pascual, junto a otros veinte
Una noche, ya en casa, Juan preparó la cena. Clara lo miró desde la puerta de la cocina. —¿Te acuerdas de aquel primer fin de semana? —dijo ella. Juan sonrió, con la cruz de madera aún colgada en el espejo retrovisor de su coche. —Pensé que era un grupo más. Pero resultó ser… una casa. La comunidad entera los abrazó
Durante tres sesiones, Andrés les contó su propia historia: cómo había vivido creyendo en Dios sin que eso cambiara su vida. Habló de la crisis, del cansancio, de la rutina. Juan sintió que le hablaba a él. Al final, Andrés preguntó: —¿Queréis escuchar la Palabra como si fuera la primera vez? Clara apretó la mano de Juan. Asintieron.
El sol se filtraba entre los olivos de un pequeño seminario en las afueras de Madrid. Juan, un arquitecto de treinta y tantos años, llegó arrastrando los pies. Su mujer, Clara, lo tomó de la mano.
Juan había crecido en una parroquia tradicional, pero el matrimonio se había enfriado en la rutina. Los gritos por la noche, el silencio en el desayuno… Necesitaban algo, aunque él no sabía qué.